16 jul. 2016



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22 nov. 2015

La fuerza de las palabras


Nostalgia empezó a gestarse en un pequeño cuaderno bajo el mismo nombre y fue tomando forma a través de las palabras que surgían por la simple necesidad de dejar salir aquello que sentía que no podía guardar dentro, aquello que no era capaz de expresar a viva voz. Y han sido también las palabras, cada una de las recibidas durante estos meses y su fuerza para cambiar lo que somos, las que me han llevado a compartirlo. 

Casi dos semanas después de que ese pequeño libro se conviertiera en algo tangible, en algo real que aún me cuesta creer, he perdido la cuenta de las palabras de ánimo y apoyo que he ido recibiendo, día tras día, sobre él. De las veces que "valiente" se ha repetido en vuestros mensajes, de cuántas personas me han escrito confesándome que se sentían identificadas, de lo íntimo y bonito que os parecía el proyecto y las ganas que teníais de descubrir más... Sin duda, siento que con un simple "gracias" no basta. Porque son todas esas palabras las que me están dando fuerza para pensar que no ha sido un error, que así es como tenía que ser, tal como lo sentía. Por eso hoy, sabiendo que todos los que ya habéis pedido vuestro ejemplar - de una edición limitada de 50 unidades, de la que cada vez van quedando menos - aún tardaréis un tiempo en recibirlo y poder leerlo, me apetece compartir uno de los últimos textos que escribí. Uno de tantos que tomaron forma antes de dar por cerrado ese conjunto de reflexiones hiladas durante, exactamente, un año.


"Sin saber cómo, ha pasado un año y, de nuevo, llegan los días más fríos. Busco abrigo en ese jersey de siempre, con una taza de té entre las manos y los pies envueltos en esa antigua manta, con un mar de nubes grises cubriendo el sol tras la ventana. Deslizándome a través de los recuerdos, de todo aquello que ya no está, aún siento cierta nostalgia. Una extraña sensación agridulce me invade al mirar atrás y anhelar lo que un día fue esa historia que nos unía. Volver a los recuerdos, algunas veces, también es necesario para avanzar. Para recordar que somos lo que vivimos, para aprender que aquello que vamos dejando atrás también es parte del camino. Siento que he estado en una especie de letargo y que, poco a poco, voy saliendo de mi cobijo, abriéndome a lo que sea que ahora, después de todo, esté por venir.

Fragmento del proyecto "Nostalgia" 



10 nov. 2015


NOSTALGIA
A story about endings and beginnings 


"Un año, un cuaderno de reflexiones y cientos de palabras. Un proyecto sobre emociones, sentimientos difíciles de explicar, recuerdos y mucha nostalgia. Un canto a los nuevos comienzos, a dejar atrás el miedo, a no temer a los cambios. Un recorrido por aquellas heridas que marcan, un viaje hacia el interior, hacia la esencia de uno mismo. Un proyecto que nace del deseo de encontrar un atisbo de luz, fruto del anhelo de renacer, reconstruirse y aprender a dejarse llevar".


Despierto pronto, sin alarmas, con un poco de luz entrando por la ventana. Tras unos segundos, antes incluso de abrir los ojos, me hago consciente del día que es y esa sensación de sentimientos contradictorios que me ha acompañado durante todo este tiempo se hace, entonces, aún más real. Hay tantas emociones removiéndose en mí, que siento que me quedo sin palabras y no sé bien cómo hablar del proyecto más personal en el que me he embarcado hasta el momento. En él hay tanta ilusión como miedo a enseñarlo; está tan lleno de energía como de intimidad y recuerdos que aún duelen. Después de largos meses de trabajo y de ir desvelando, a pequeño sorbos, algunos detalles, hoy ve la luz.

No hay vuelta atrás, Nostalgia ya es una realidad. Después de ir llenando un pequeño cuaderno con los recuerdos y pensamientos que han ido surgiendo, día tras día y de un modo algo caótico durante estos últimos meses, sentía que necesitaba ponerlo todo en orden. Dejar salir esa porción de vida que se escapa entre mis dedos en forma de textos y gritarla al mundo para seguir adelante sintiéndome más ligera, más libre. No es fácil sacar lo que sale del alma, de tan adentro, para dejarlo en manos de otros. Pero al final, atreverme a compartir algunas de esas palabras tan personales, ha dado forma a un proyecto que jamás habría imaginado. Los sueños tardan en llegar, pero llegan. A veces, sin ni siquiera esperarlos.

Un pequeño libro lleno de reflexiones, emociones y recuerdos surgidos a partir de un cambio que tuvo lugar durante una fría noche de noviembre, hoy hace exactamente un año. Todo comenzó, sin darme cuenta, cuando ese mismo día empecé escribir para dejar fluir sentimientos y temores, para deshacerme de todo aquello no podía guardar dentro. La intención detrás de este proyecto, después de todo, se me antoja sencilla, sin ninguna pretensión más allá de compartir una historia de principios y finales, de luces y sombras; poniendo palabras a aquello que en algún momento, de un modo u otro, todos podríamos experimentar. Etapas de cambios, de nostalgia, de puntos de inflexión y ganas de desaparecer... pero también de resurgir, crecer, cambiar, volver a empezar siendo más fuertes. Es mi forma de reunir, de un modo íntimo y sincero, a través de algunas de las palabras anotadas en ese cuaderno y de las reflexiones hiladas con el pasado de las estaciones, esas lecciones de vida que he ido aprendiendo en este último año.

. . .

Sólo puedo agradecer a todos los que han estado a mi lado desde aquella noche, a los que me han acompañado en esta aventura, a lo largo de estos meses, dando forma a este proyecto que aún me cuesta de creer... He sentido cariño, calidez y, de algún modo, comprensión, en cada una de las palabras que he recibido sobre las reflexiones compartidas. Y en especial, debo darle las gracias a ella, a mamá, por ser, en gran parte, responsable de que esa idea que surgió por casualidad, sin pretenderlo, sea hoy una realidad. Podéis conocer un poco más sobre el proyecto - y por supuesto, pedir vuestro ejemplar - aquí.




21 oct. 2015

Lo que nos guardamos


Aquella mañana, al día siguiente de volver de viaje, hablaba con mi padre, mientras revisábamos nuestras respectivas tarjetas de memoria, cargadas de recuerdos. Me contaba, con cierta expresión de asombro, que no lograba entender por qué parece que, en estos tiempos que corren, nos invade la necesidad de mostrar todos los momentos que capturamos, sin excepción. Que él prefiere disfrutar del instante mirando a través del visor, de cada click, y después, sentarse a ver el resultado y disfrutar sin esa necesidad de compartirlo.

Con unas pocas palabras, me hizo reflexionar sobre todo lo que enseñamos y cómo dejamos ver esas memorias que tiempo atrás habríamos atesorado en papel. Guardadas en alguna vieja caja de lata, habrían sido disfrutadas después de una comida en família, en una tarde de domingo, entre algunos dulces y el aroma de café recién molido esparciéndose por toda la casa. De pronto, empecé a pensar en el proyecto Nostalgia, en lo compartido y en todo lo que me he guardado, también. Me di cuenta que, en cierto modo, lo que he hecho está a medio camino entre su idea de la intimidad, eso que uno desea conservar para sí mismo, y un ejercicio de sacar afuera el dolor. Hay mucho de mí en ese libro que, si todo va bien, en unas semanas verá la luz, y al mismo tiempo, es sólo una ínfima parte de lo que contiene, en realidad, ese cuaderno, este año, toda la historia que hay detrás. Dejo salir lo que siento que el alma me pedía compartir y, a su vez, también guardo mucho dentro. Con certeza, pero no sin miedo, siento que es tal y como debía ser...



© Fotografía: Grafitogris